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ENFERMEDAD DE ALZHEIMER: CONSIDERACIONES NUTRICIONALES
Dra. Ana de Adrianza, Ph. D, Mg. Ss
Médica Farmacóloga
Nutricionista Dietista
aadrianza@nutrysalud.com.ve
La enfermedad de Alzheimer es un tipo común de demencia o deterioro de la función intelectual. En nuestro país no contamos con datos estadísticos que reflejen la magnitud de esta enfermedad, sin embargo, vemos con preocupación como cada vez es mas frecuente su diagnóstico a nivel de nuestros hospitales y clínicas.
Se caracteriza por deterioro mental progresivo que llega a interferir con la capacidad de trabajo y la actividad social; la memoria y el pensamiento abstracto se encuentran afectados. Es irreversible y progresiva, el deterioro del cerebro puede preceder 20 a 40 años a la aparición de los síntomas. En la medida en que progresa ocurre pérdida severa de la memoria, sobretodo de la memoria reciente; la persona recuerda eventos del pasado pero es incapaz de recordar lo que acaba de decir. En esta etapa comienza la desorientación, se produce disfasia (incapacidad para encontrar la palabra adecuada) así como cambios repentinos del humor. En su etapa final se produce gran confusión y desorientación, son posibles las alucinaciones o delirios. Algunas personas se transforman en violentas y furiosas, mientras otras se hacen dóciles y pasivas. En esta última etapa la persona puede vagar sin ningún propósito, experimentar incontinencia y descuidar su higiene personal. Estos síntomas, producidos por cambios en el cerebro, no son intencionales ni controlables.
Las causas son desconocidas, pero se han encontrado una serie de datos importantes. Muchos apuntan a deficiencias nutricionales, se reportan:
Niveles bajos de vitamina B12 y Zinc: los alimentos procesados, que constituyen la dieta moderna, pierden gran parte de estos elementos. El desarrollo de nudos neurofibrilares y de placas amiloideas en el cerebro, que caracterizan la enfermedad, se ha relacionado con deficiencia de zinc. A esta deficiencia contribuye la malabsorción que se observa en ancianos.
Niveles bajos de vitaminas A y E: que actúan eliminando radicales libres y su deficiencia expone al cerebro al daño oxidativo.
Deficiencias de boro, potasio y selenio: minerales importantes para el funcionamiento normal del cerebro y otros tejidos.
Además se han reportado niveles elevados de aluminio o de mercurio en el cerebro de pacientes (en autopsias) especialmente en sitios donde se realizan funciones como pensamiento, memoria, juicio y lenguaje. La combinación de estos hallazgos con las deficiencias vitamínicas y de minerales podría predisponer al desarrollo de la enfermedad.
Muchas pacientes con este mal tienen antecedentes familiares lo cual sugiere que la herencia podría estar involucrada; también se señala como posible causante al sistema inmune que reacciona contra las propias células cerebrales.
Estos hallazgos permiten en parte comprender la enfermedad, sin embargo aun no sabemos como detener el deterioro mental.
A fin de prevenir, en lo posible, su aparición le recomendamos:
Ingiera una alimentación balanceada y natural, evite los alimentos procesados y/o refinados.
Incluya abundante fibra en su alimentación (vegetales, frutas, granos y cereales).
Ingiera suplementos de vitamina A, E, C: poderosos antioxidantes, y B12 necesaria para el correcto funcionamiento del sistema nervioso.
Ingiera al menos ocho vasos de agua al día.
Evite el cigarrillo (duplica el riesgo de padecer de Alzheimer), el alcohol y las toxinas ambientales especialmente metales pesados como el mercurio y el plomo.
Realice ejercicios durante 45-60 minutos por lo menos 5 veces a la semana.
UTILICE SU CEREBRO, PERMANEZCA OCUPADO, LEYENDO, ESCRIBIENDO Y APRENDIENDO NUEVAS COSAS. ESTO ES MUY IMPORTANTE PARA PERMANECER ATENTO Y PREVENIR EL DETERIORO MENTAL.

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